Noticias

Fr. Pablo Sicouly: «Vitoria nos invita a la corresponsabilidad en la búsqueda de la verdad, el bien común y la paz»

8 de junio de 2026 pablo sicouly salamanca

La Universidad de Salamanca ha concedido el doctorado honoris causa a título póstumo al fraile dominico Francisco de Vitoria, cuando se cumplen quinientos años de su toma de posesión de la Cátedra de Prima de Teología, considerada en el siglo XVI la más importante del Imperio. Fray Pablo Carlos Sicouly, vicario del Maestro de la Orden de Predicadores, recibió la distinción en nombre de la Orden durante una solemne ceremonia celebrada en el Paraninfo de las Escuelas Mayores.

En nombre del Maestro de la Orden, fray Gerard Francisco Timoner III, fray Pablo Carlos Sicouly expresó la gratitud de los dominicos a la Universidad de Salamanca por una decisión que calificó como «singular, significativa y oportuna». A su juicio, este doctorado contribuye a destacar «el valor permanente y especialmente actual» de la aportación de Vitoria en el campo de la vida universitaria y de su servicio al bien común de la sociedad, la cultura y la comunidad internacional.

Hace quinientos años, Francisco de Vitoria tomaba posesión de la Cátedra de Prima de Teología de la Universidad de Salamanca, iniciando un magisterio que iba a cambiar el rumbo de la historia del Estudio salmantino y a poner los cimientos de la Escuela de Salamanca y del Derecho Internacional.

Con la concesión del doctorado honoris causa a Vitoria, la Universidad de Salamanca pone en valor, «con orgullo y con gratitud», el legado de uno de sus profesores más ilustres, cuya voz a cinco siglos de distancia sigue siendo, para el rector Juan Manuel Corchado Rodríguez, «asombrosamente actual».

«Todo en estas piedras nos habla de él: el aula donde dictó sus relecciones, sus autógrafos guardados en la Biblioteca General Histórica, los frescos del aula que lleva su nombre, la lámina de este Paraninfo con los maestros ilustres, la placa que en el cuarto centenario, en 1926, se dedicó a su memoria. Faltaba, sin embargo, un gesto. Faltaba que esta Universidad dijera, con todas las letras, lo que el corazón sabía desde hace siglos», subrayó el rector durante el acto.

Durante su intervención, el rector resaltó la vigencia del legado intelectual de Vitoria y recordó dos rasgos de su enseñanza: el uso de la Suma de santo Tomás como base de los estudios teológicos, frente a una gran oposición de los intelectuales de la época, y una docencia basada en el dictado de las lecciones. «Empezó cuidando a sus estudiantes y terminó cuidando a la humanidad entera», afirmó Corchado, quien recordó que de las aulas salmantinas salió «una forma nueva de pensar el mundo».

«Vitoria y los suyos renovaron la teología, pusieron los cimientos del derecho internacional, formularon las primeras teorías modernas de la economía e incluso hicieron ciencia», enfatizó ante un Paraninfo abarrotado, con más de 200 doctores.

Entre sus enseñanzas, el rector resaltó la defensa de la libertad y recordó algunas de sus afirmaciones: «el hombre fue creado en libertad» y «por derecho natural todos los hombres son libres». También evocó que, frente a quienes solo veían enemigos, Vitoria escribió que «el hombre no es un lobo para el hombre; la naturaleza estableció cierto parentesco entre todos los hombres». Esta frase ha quedado inmortalizada en el vítor descubierto en el Claustro bajo de las Escuelas Mayores, junto al Aula Francisco de Vitoria.

Corchado Rodríguez explicó que de las aulas salmantinas arrancan también ideas que siglos más tarde se reconocerán como propias de toda democracia. Vitoria sostuvo que el poder no baja del cielo sobre un solo hombre, sino que nace del pueblo: «todo el poder del rey viene de la república». Y a quienes justificaban cualquier guerra les dejó tres reglas de oro: antes de la guerra, buscar por todos los medios la paz; durante ella, hacerla sin odio y por la sola justicia; y, después de ella, usar del triunfo con moderación.

El rector de la Universidad de Salamanca, Juan Manuel Corchado Rodríguez, durante su intervención./ Raquel J. Santos (Comunicación USAL) 

 

El rector recordó asimismo que Vitoria defendió que los indios de América eran verdaderos dueños de sus tierras, libres por naturaleza, y que nadie, ni el emperador ni el papa, podía despojarlos de sus dominios. También imaginó, en pleno siglo XVI, cuatrocientos años antes de Ginebra, algo muy parecido a las Naciones Unidas: «El orbe, que en cierta forma constituye una república, tiene poder de dar leyes justas y convenientes a todos».

También tuvo palabras para recordar su faceta docente y la veneración que le profesaban sus discípulos. «Sus lecciones, que él nunca llegó a publicar en vida, viajaron por el mundo en los cuadernos de sus alumnos y se imprimieron una y otra vez en Lyon, en Salamanca, en Ingolstadt, en Venecia, en Colonia. Maestros formados en estas aulas como Domingo de Soto, Melchor Cano, Domingo Báñez, Bartolomé de Medina y tantos otros llevaron a las Indias el espíritu que florecía en estas piedras. Por eso este homenaje es también el suyo», apostilló el rector.

Discípulos dignos de su escuela

La profesora de Filosofía María Martín Gómez, que ejerció de madrina, se confesó discípula «de un hombre que habitó estas mismas aulas hace 500 años para convertirnos en miembros dignos de su actual escuela».

«Vitoria llegó a Salamanca con un desafío impuesto por un profesor de París. Pensar de un nuevo modo un nuevo mundo. Con valentía. Contra quien fuera: contra el tirano, los peruleros o hasta el emperador cuando fue necesario. Y a nosotros nos toca continuar su estela», indicó.

En su laudatio, Martín Gómez ensalzó las dotes extraordinarias que para la enseñanza debió de tener Vitoria. La Orden de Santo Domingo, después de su formación en París y su paso por Valladolid, le eligió para presentarse a las oposiciones cuando quedó vacante la Cátedra de Prima de Teología de la Universidad de Salamanca. La profesora destacó, sobre todo, la impronta que dejó en sus estudiantes, que fueron quienes difundieron su legado, ya que mientras fue profesor en el Estudio no escribió ni un solo libro, hasta ganarse el apodo académico de «el Sócrates hispano».

«Si hoy Vitoria es reconocido con etiquetas tan generosas como padre del derecho internacional, pionero de los derechos humanos, renovador de la teología o fundador de la Escuela de Salamanca, no fue por causa de la imprenta sino por la impronta que él mismo dejó en sus estudiantes», indicó.

Esta devoción por el maestro es lo que explica, a juicio de la profesora del Departamento de Filosofía, Lógica y Estética, que hoy se hable de una Escuela de Salamanca, «porque un grupo de profesores se reconocieron a sí mismos discípulos de Vitoria». Su humildad intelectual, su ingenio para reflexionar sobre su tiempo y su talento para pensar de forma inmediata los problemas del siglo XVI fueron otros de los rasgos destacados por su madrina.

francisco-vitoria_david-arranz-ancho_completo
Acto del descubrimiento del Vítor en el Claustro bajo de las Escuelas Mayores. / David Arranz (Comunicación USAL)

Una ceremonia con memoria dominicana

El homenaje a Francisco de Vitoria comenzó antes del inicio de la ceremonia en el Paraninfo, ya que el cortejo académico se desplazó hasta el Convento de San Esteban para recordar el camino que el fraile dominico realizaba para impartir sus clases en las Escuelas Mayores desde que ganó su cátedra el 7 de septiembre de 1526, cuando se le concedió la vacante «con aplauso de estudiantes y de todo el claustro».

Los más de 200 doctores partieron del Edificio de las Escuelas Mayores por la puerta de la plaza de Anaya, atravesaron el ágora por delante del Palacio de Anaya y descendieron por la calle Tostado hasta llegar al convento de los dominicos. En su interior, el rector Juan Manuel Corchado y fray Pablo Carlos Sicouly realizaron una ofrenda floral en el llamado «panteón de los teólogos», donde se encuentra la tumba de Vitoria. Durante la ofrenda intervino el Coro Universitario, dirigido por Sara Escuer Salcedo, que interpretó la pieza Locus iste, de Anton Bruckner.

Finalizada la ofrenda, la comunidad de frailes dominicos se unió al cortejo en la iglesia de San Esteban para dirigirse al Paraninfo tras transitar por la plaza Concilio de Trento, la calle Palominos y la Rúa Mayor, antes de acceder de nuevo al Edificio Histórico.

La Orden de Predicadores recibe la distinción

Ya en el Paraninfo, fray Pablo Carlos Sicouly fue el encargado de recibir el honoris causa en nombre de la Orden de Predicadores. Tras mostrar su gratitud a la Universidad de Salamanca, afirmó que la decisión adoptada por el Claustro de Doctores contribuye a destacar el significado y el valor permanente de la contribución de Vitoria en la vida universitaria y en el servicio al bien común.

«La concesión de este doctorado por parte de la Universidad de Salamanca nos invita a todos a la corresponsabilidad en la búsqueda de la verdad, del bien común, del respeto de la dignidad y los derechos de los seres humanos y de los pueblos y del empeño por la paz, en un tiempo de múltiples e importantes desafíos», señaló fray Pablo.

Para Sicouly, la Orden de Predicadores ve en Vitoria «una fiel y fecunda realización del ideal de santo Domingo», en la que el estudio se pone al servicio de la plenitud de vida de los prójimos como ejercicio de la misericordia veritatis. También lo presentó como modelo de diálogo entre quienes se dedican a la labor académica y quienes, sobre el terreno, trabajan por promover y defender la dignidad y los derechos de las personas y los pueblos.

pablo-sicouly-salamanca-ancho_completo
Fray Pablo Carlos Sicouly, vicario del Maestro de la Orden de Predicadores

«Francisco de Vitoria contribuyó al reconocimiento de la plena dignidad humana y jurídica de todos los seres humanos, incluidos los pueblos indígenas de América, en un tiempo en que ese encuentro de culturas planteaba múltiples y dramáticos desafíos. Vitoria fue también el primer representante de una reflexión sobre la comunidad internacional mundial: el totus orbis, comprendido como una comunidad de todos los pueblos fundada en el derecho natural universal y no en el uso de la fuerza», argumentó el fraile dominico.

Fray Pablo recordó que la Orden utiliza desde hace algunos años la expresión «Salamanca - nuevos mundos» para designar este paradigma de diálogo entre el estudio, la predicación y los desafíos concretos de la humanidad. En este sentido, señaló que Vitoria sigue inspirando una forma de presencia intelectual y evangélica capaz de responder a las cuestiones más vivas de cada época.

Finalmente, hizo referencia a la encíclica Magnifica humanitas del papa León XIV, dedicada a la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Ante los desafíos actuales —la cultura del poder, la guerra como instrumento de la política internacional, las nuevas tecnologías y el debilitamiento de las organizaciones internacionales—, invitó a redescubrir las aportaciones de Francisco de Vitoria y a buscar en ellas inspiración para ofrecer respuestas a las nuevas realidades, que son a la vez amenazas y posibilidades.

«Recordar a Francisco de Vitoria a los 500 años del comienzo de su enseñanza en Salamanca es no solo un ejercicio de memoria agradecida por su notable contribución como miembro de una comunidad académica y también dominicana, que supo ofrecer respuestas fecundas a las apremiantes cuestiones de su tiempo, sino también una llamada a la vez urgente y esperanzada ante los desafíos del presente», concluyó.

Foto familia de los doctores y dominicos junto al rector, Juan Manuel Corchado Rodríguez, en el patio de Escuelas Menores de la Universidad de Salamanca. 

 

Asistentes

El acto estuvo presidido por el rector Juan Manuel Corchado Rodríguez, acompañado de la rectora de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Perú, Jeri Gloria Ramón Ruffner De Vega; la vicerrectora de Ordenación Académica y Profesorado, Rosario Arévalo; el decano de la Facultad de Filosofía, Domingo Sánchez; y el secretario general de la USAL, Alfredo Ávila.

Asimismo, acudieron a la sesión el alcalde de Salamanca, Carlos García Carbayo; la vicepresidenta de la Junta de Castilla y León, Isabel Blanco Llamas; el presidente del Consejo Consultivo, Agustín Sánchez de Vega; el presidente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Benigno Pendás; y el presidente de la Diputación de Salamanca, Javier Iglesias, entre otras autoridades.

La sesión concluyó con la interpretación del Gaudeamus igitur a cargo del Coro Universitario.

=======