Javier Ródenas: «Las personas a las que el Papa viene a visitar son los predilectos porque están sufriendo»
6 de junio de 2026
Dentro de la serie rostros dominicanos ante la visita del Papa León XIV a España, conversamos con Javier Ródenas, subdirector de CEDIA 24 Horas y voluntario de Acción Verapaz. El Papa comenzará su visita a España entrando en contacto con personas sin hogar en este centro de Cáritas Diocesana de Madrid, situado en el barrio de Lucero. Ródenas habla de la realidad cotidiana de quienes viven situaciones de exclusión, de la importancia de mirar a las personas invisibilizadas y del significado social y creyente de este gesto.
“Que lo haga por un centro que apoya a población vulnerable convierte la luz de la visita en foco”
¿Qué significa que el Papa comience su visita a España entrando en contacto con personas sin hogar?
Que León XIV venga a visitar España ya es un signo de luz para muchos creyentes que vivimos en los distintos lugares que va a visitar. Que lo haga por un centro que apoya a población vulnerable es hacer que la luz de la visita se convierta en foco, que ponga la atención en iluminar las caras oscuras de aquellas personas que, estando permanentemente expuestas y viviendo en la calle, nos empeñamos como sociedad en ocultar, en invisibilizar, en pensar que no cuentan. Una mirada desde la fe nos posiciona en un escenario bien distinto: las personas a las que viene a visitar son los predilectos, no por ser mejores, no por hacer mejor las cosas, sino porque están sufriendo.
“Acompañamos a personas, no solucionamos nada”
¿Qué realidad se encuentra cada día en CEDIA 24 Horas?
Se podrían contar las muchas cosas que hacemos y los servicios que prestamos. También se podrían decir muchas otras a las que no llegamos, el tiempo que pasa hasta que podemos apoyar con nuestros recursos. Tener lista de espera para ofrecer un alojamiento a gente que está en la calle es algo que nos duele profundamente. Somos un centro de corta estancia, lo que supone que las estancias son de tiempos reducidos y, por desgracia, hay personas que tienen que salir sin estar en las mejores condiciones.
Acompañamos a personas, no solucionamos nada. Es increíble lo que un espacio seguro, cómodo, que cuente con servicios básicos como poder guardar las propiedades, ducharse, lavar la ropa, puede hacer por una persona que está sin hogar. Y no digo estar en la calle; mucha gente viven en hostales, pensiones, habitaciones inestables. Nada tiene que ver eso con un hogar. Como con muchas otras cosas, no valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos.
“Lo primero que hay que hacer es liberarse de prejuicios”
¿Qué supone acompañar a personas que han perdido vivienda, red familiar o estabilidad?
Cuando las personas pierden su hogar, por falta de medios económicos, rupturas familiares, imposibilidad de mantener los pagos de alquiler cada vez más altos, o simplemente por un proceso migratorio inseguro sin red social o familiar de apoyo, hay algo que se quiebra. La inestabilidad de la vivienda, como la del trabajo, supone que cada vez tengamos que vivir con más conciencia de provisionalidad, perdemos seguridades y eso nos hace más vulnerables.
Para acompañar en CEDIA, lo primero que hay que hacer es liberarse de prejuicios, mirar a las personas a los ojos, centrar la atención en cada persona, para ser capaces de flexibilizar y adaptar a cada individuo la relación de ayuda que necesita. Escuchar y apoyar, no desde sus carencias sino resaltando las capacidades y las cualidades. Hacer que la estancia en CEDIA sea espacio para liberar tensiones y dificultades, para que el ánimo, la ilusión y la esperanza puedan crecer.
“Es preciso restituir la dignidad de toda persona”
Como voluntario de Acción Verapaz, ¿qué relación ves entre la exclusión en Madrid y la realidad que conociste en Puerto Maldonado o El Seibo?
En el fondo es lo mismo, en las formas es totalmente distinto. Los ámbitos en los que he estado en Perú y República Dominicana son fundamentalmente agrícolas, las condiciones de vida muy distintas, la violencia se ejerce con mayor transparencia, el funcionamiento de las instituciones y los servicios sociales están menos organizados y se distribuyen de manera más aleatoria. Pero en el fondo, en cualquier lugar del mundo, las situaciones de injusticia, de pobreza, de violencia, lesionan profundamente la dignidad inalienable de cada persona. Es preciso restituir la dignidad de toda persona, por encima de todo, esta es nuestra misión.
“Me gustaría que escuchara”
¿Qué te gustaría que el Papa viera, aunque solo esté unos minutos?
Me gustaría que escuchara, que pudiera dedicar tiempo a mirar los rostros de las personas invisibles, que sintiera lo que supone vivir en esas condiciones de vida. Estoy convencido de que ha tenido muchos momentos para hacerlo en toda su vida. Quién sabe si después pudiera dar palabra de aliento o mantenerse en silencio, un silencio sanador, y finalmente puede que existiera un reconocimiento mutuo, colectivo, que abriera la puerta a una invitación verdadera y a compartir el pan.
“Una sociedad sana no tiene miedo de mirar el dolor”
¿Qué mensaje crees que esta visita puede dejar a la sociedad?
Poner de relieve que una sociedad sana es aquella que no tiene miedo de mirar el dolor, la dependencia, la injusticia. Una sociedad sana se compadece y no estoy hablando de pena, ni lástima, estoy hablando de la atención plena y profunda a la persona, elevando la dignidad, haciendo que nuestros cimientos se tambaleen y sea imposible pasar de largo. Nuestra sociedad será sana si es capaz de poner la ayuda y los cuidados en el centro de su ser. Si podemos dejar de lado las diferencias, los conflictos vanos, lo superficial, ya se habrá conseguido mucho.
