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Los dominicos reúnen en Rebola (Guinea Ecuatorial) a trescientos docentes para educar con sentido

28 de julio de 2026 rebola 2026 01

«Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.» (Jn 8, 32)

Con esas palabras del Evangelio resonando de fondo, Rebola pueblo montañés situado a los pies del pico Basile ha vuelto a abrir sus puertas al saber. Ayer 27 de julio arrancó la segunda edición de la formación para docentes que organizan los Misioneros Dominicos de Malabo, bajo el lema «Educar con sentido: herramientas prácticas para transformar el aula». Hasta el próximo 4 de agosto jornada en la que se celebrará la evaluación final, una misa de acción de gracias, la entrega de títulos y un compartir fraterno, los colegios “San José de Rebola” y “Mamá Mangué” se convertirán en aula magna para trescientos profesores llegados desde distintos puntos de la isla.

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Detrás de estas cifras late una historia mucho más antigua que esta edición del curso. Donde otros ven un pueblo montañés y remoto, los hijos de Santo Domingo de Guzmán han visto siempre una oportunidad: la de sembrar conocimiento y conciencia allí donde más falta hacen. En Guinea, la misión de los Dominicos es formar y educar en la fe y en las humanidades, en comunión con la Iglesia local, y esta cita anual con el magisterio de Bioko es una de las expresiones más vivas de ese compromiso. No es casualidad que el lema de la Orden sea Veritas, «Verdad»: una pedagogía que jamás ha separado el saber de la conciencia, porque no basta con instruir, hay que iluminar. Por eso esta segunda edición del curso de Rebola no es un hecho aislado, sino la continuación natural de un compromiso centenario.

Esa vocación se hizo palabra la mañana del 27 de julio, cuando el curso arrancó de manera oficial. La apertura tuvo lugar a las 9:05h: fray Esteban Nko Sipi, O.P., coordinador del curso, pidió silencio a los presentes y abrió el acto con una oración, implorando al Buen Dios aciertos para que todo fuera fructífero para la dignificación de los asistentes y de sus alumnos. A continuación presentó a los monitores que estarían al cargo de la formación y cedió la palabra al superior para la apertura oficial de esta segunda edición del curso de actualización pedagógica “formación de los docentes”: fray Roberto Okón Pocó, superior de los Dominicos en Malabo, decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias Religiosas, y delegado diocesano de Educación Católica. Ante los trescientos presentes, el religioso fue rotundo:

Educar con sentido significa precisamente comprender que la educación no consiste únicamente en transmitir conocimientos, sino en despertar personas, formar ciudadanos responsables y sembrar esperanza.

Una esperanza, subrayó, que maestros y maestras están llamados a transmitir a sus alumnos como semilla del porvenir de nuestras sociedades. El dominico recordó que vivimos en la era de la inteligencia artificial y de la «sociedad líquida», donde todo fluye con rapidez y la información se acumula sin freno; en ese contexto, insistió, el desafío del educador contemporáneo ya no es enseñar datos, sino “enseñar a pensar, a discernir, a convivir y a construir un futuro mejor”. Ante los medios de comunicación nacionales y Radio María de Guinea Ecuatorial, presentes para dejar constancia del momento, resumió en una sola frase la vocación del maestro de hoy: “sembrar hoy aquello que quizás otros cosecharán mañana”.

Antes de ceder el turno a los formadores, puso el brolle de oro de su intervención con una anécdota sello personal de sus discursos que fue interrumpida por un gran aplauso de los presentes. Contó que, en cierta ocasión, un alumno preguntó a su profesor de matemáticas: “Señor profesor, ¿para qué sirve aprender matemáticas si mi teléfono ya hace las cuentas?”. El profesor sonrió y respondió: “Para que, cuando tu teléfono se equivoque, seas tú quien se dé cuenta”. Más allá del humor que encierra una gran verdad, fray Roberto dejó la siguiente moraleja: “Las herramientas cambian, pero el pensamiento crítico, los valores y la capacidad de comprender el mundo siguen dependiendo de los educadores”.

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Esa moraleja resume bien el reto de fondo. Vivimos tiempos en los que la información sobra y el criterio escasea; tiempos en los que gobierna, más que el dato, el ruido que lo rodea. A ese fenómeno que algunos pensadores contemporáneos han bautizado como la «infocracia» el gobierno de la información por encima de la verdad solo se le puede oponer una cosa: maestros capaces de enseñar a discernir entre lo que informa y lo que forma, entre el dato y el sentido, entre el ruido y la palabra que edifica. Esa es, en el fondo, la tarea que el magisterio de Bioko se ha comprometido a llevar de vuelta a sus aulas: no ser meros transmisores de contenidos, sino buscadores y sembradores de verdad.

Traducir ese reto en herramientas concretas para el aula es, precisamente, la tarea del equipo que ha viajado desde España para acompañar esta edición. Lo encabeza Fermín Ibáñez García, postgraduado y experto en educación de la interioridad en contextos educativos y máster en Profesorado de Secundaria, para quien Rebola ya no es una tierra desconocida: es su segunda vez en esta cita formativa, y regresa con el oficio de quien ya conoce el terreno y la certeza renovada de que merece la pena volver. Le acompañan su esposa, Gema Gabaldón García Ruiz, diplomada en Trabajo Social y terapeuta familiar sistémica, y Juan Diego Reverendo Ruiz, diplomado en Magisterio de Educación Primaria, graduado en Educación Infantil con mención en Pedagogía Terapéutica y máster universitario en Neuropsicología y Educación. Para ambos, esta es su primera experiencia en Rebola, y la han vivido con el entusiasmo de quien descubre: con ganas de conocer, de aprender y de dejarse impregnar por la idiosincrasia de este pueblo montañés que hoy los acoge como suyos. Entre la experiencia de quien vuelve y el asombro de quien llega por primera vez, los tres coinciden en lo esencial: acompañar a los trescientos docentes en un recorrido que combina teoría, herramientas prácticas y experiencia de aula, con la vista puesta en quienes un día formarán los recursos humanos del país.

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Durante una semana, formadores y docentes compartirán aula en Rebola, donde la niebla de la mañana envuelve las montañas hasta que el sol la disuelve. Así está llamado el maestro de hoy a disipar la confusión de su tiempo: no con más ruido, sino con más verdad. Porque, como bien saben los hijos de Santo Domingo desde hace ocho siglos, solo la verdad buscada con humildad y compartida con paciencia de sembrador libera de verdad. “Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas ciento, otras sesenta y otras treinta por uno”( Mt 13, 8)

Esa semilla es, en definitiva, lo que Rebola vuelve a poner este año en manos de trescientos maestros: no una lección más, sino la certeza tranquila de que toda siembra hecha con verdad, tarde o temprano, encuentra su cosecha. Educar con sentido es, sencillamente, eso: enseñar a buscar la verdad para poder, algún día, transmitirla.

Fray Esteban Nko Sipi, O.P.

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