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Rebola convierte las ganas de aprender en motor de transformación educativa

5 de agosto de 2026 formacion-pedagogica-rebola-2026 3

Hay palabras que, pronunciadas en el momento justo, pesan más que un discurso entero. Ayer, en la villa de Rebola,“pueblo de los niños”, situado en el norte de la isla de Bioko, a las faldas del Pico Basilé, esa palabra fue ganas. Y no llegó sola: subió, como todo en Rebola, cuesta arriba, empujada por trescientos maestros y maestras que durante seis días de trabajo intenso, del 27 de julio al 4 de agosto, convirtieron dos colegios de montaña en el epicentro educativo de todo el distrito de Baney. Ayer, entre cánticos, certificados y lágrimas contenidas, se cerró así la segunda edición del Seminario-Taller de Actualización Pedagógica “Formación de Docentes”, organizado por los frailes dominicos de Malabo.

Esa misma cuesta la habían subido ya, cada mañana de la semana, los propios docentes: por caminos embarrados por la lluvia, sorteando la escasez de transporte y la distancia, sin faltar a una sola de las jornadas. “Aquí nadie ha faltado por comodidad, todos han venido a pesar de todo”, resumía uno de los monitores de la formación mientras observaba las aulas desbordadas del colegio San José de Rebola. Tan desbordadas que, junto al vecino centro “Mamá Mangué”, ambos colegios tuvieron que abrir cada rincón disponible para acoger a un grupo que superó todas las previsiones. “Nos ha faltado espacio, pero no nos ha faltado nunca la ilusión”, admitía entre risas una profesora de primaria, y esa misma frase pareció resonar todavía ayer, cuando a las nueve de la mañana, hora de Guinea Ecuatorial, arrancó la jornada de clausura con una evaluación final del proceso.

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Fue precisamente ahí, en esas intervenciones espontáneas y voces entrecortadas por la emoción, donde el balance de la semana empezó a tomar forma: los docentes agradecieron a organizadores y monitores el esfuerzo de estos seis días y pidieron, casi a coro, que la cita se repita el año próximo. “Esto no puede quedarse aquí, tiene que volver el año que viene”, pidió uno de los participantes ante el aplauso de sus compañeros. La gratitud, sin embargo, todavía tenía una segunda cita esa misma mañana: una eucaristía de acción de gracias presidida por fray Roberto Okón Pocó, superior de los dominicos en Malabo, que tomó como punto de partida el lema de esta edición.

“Educar con sentido: herramientas prácticas para transformar el aula”. para tejer una idea que recorrió todo su mensaje como un hilo invisible: “Educar con sentido es, en muchos sentidos, entrar en contacto con muchas heridas: las de los alumnos, las del sistema educativo, las de la sociedad… y también las propias”. Ante la mirada de los 300 docentes, y con la presencia de la representante del alcalde de Rebola y del delegado adjunto del distrito de Baney, el religioso remató su reflexión, como es sello suyo, con una anécdota que sus oyentes ya reconocen de memoria: un profesor preguntó una vez a sus alumnos qué era lo más importante para aprender. “Unos libros”, dijo uno. “Un buen maestro”, respondió otro. Y al fondo del aula, un niño apodado Lupicinio levantó la mano con timidez y soltó una sola palabra: “Ganas”. El maestro sonrió: “Ese niño ha aprobado la vida”.

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“Lo que transforma no son solo los recursos… es el deseo”, remató el hijo de santo Domingo, Okón Pocó, y la frase quedó flotando sobre las 300 cabezas del auditorio como si describiera, sin proponérselo, exactamente lo que allí se había vivido: ganas de aprender, ganas de tejer relaciones, ganas de compartir experiencias, ganas de volver a las aulas convertidos en misioneros de una educación distinta. Esa misma palabra, convertida ya casi en consigna, pareció materializarse minutos después en la entrega de los certificados: el instante más esperado, recibido entre aplausos por unos docentes que llevaban una semana entera esperando ese papel como quien espera una medalla.

No hubo discursos de cierre. Hubo tambores, bailes y abrazos que se alargaron hasta bien entrada la tarde, porque en África lo saben bien en Rebola las despedidas también se celebran. En medio de esa fiesta, Fermín, Gema y Juan Diego, monitores de esta edición, recibieron el reconocimiento unánime de organizadores y docentes. Pero la celebración quiso guardar también un lugar para quienes trabajan lejos de los focos y sin los cuales nada de esto habría sido posible: las secretarias que, con seriedad y discreción, llevaron el control de las asistencias y prepararon cada mañana los bocadillos; el personal de limpieza que mantuvo impecables las aulas prestadas; y los conductores que, día tras día, subieron hasta Rebola con el pan, los embutidos y el agua. A todos ellos, gracias por las ganas y el deseo de aprender que pusieron, cada uno a su manera, al servicio de esta formación.

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Porque, al final, el verdadero balance de esta segunda edición lo había dejado ya escrito, sin saberlo, aquel niño de la anécdota: en Rebola no faltaron ni libros ni buenos maestros, y desde luego, no faltaron ganas. La tercera edición, prometen ya los organizadores, no tardará en llegar  y promete ser todavía más grande.

Fray Esteban Nko Sipi, O.P.

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