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Elena Gil: “Es un momento clave para poner en primera línea a muchas personas invisibles”

3 de junio de 2026 elena gil fsmp

Dentro de la serie rostros dominicanos ante la visita del Papa León XIV, conversamos con Elena Gil, directora de la Fundación San Martín de Porres, obra social de los dominicos a favor de las personas sin hogar desde 1962. En esta entrevista habla de la misión de la Fundación, de los nuevos rostros del sinhogarismo y del significado que tiene la cercanía del Papa a realidades de pobreza y exclusión.

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Elena Gil Bartolomé, directora Fundación San Martín de Porres

“Estar al lado, acompañar y apoyar”

La Fundación San Martín de Porres es una obra social de los dominicos a favor de las personas sin hogar desde 1962. ¿Cómo resumirías hoy su misión?

Hoy, podríamos decir que más que en otras situaciones, se justifica una presencia dominica en un entorno social y cultural, donde las circunstancias de pobreza, exclusión, aislamiento y soledad se han hecho visibles en más personas a nuestro alrededor. La falta de referentes estables, sólidos, fraternos y comprometidos se encuentran en nuestra vida cotidiana. La misión de la Fundación de estar al lado, acompañar y apoyar a las personas que se encuentran más aisladas y olvidadas de la sociedad, tiene todo el sentido, atendiendo a las personas más jóvenes y las que tienen una edad y unas responsabilidades familiares que dificultan su inserción social y laboral. Trabajar por la plena inserción social y laboral de todas, que puedan alcanzar todo el potencial y desarrollo como personas y ciudadanos y ciudadanas.

“Recibir, con el espíritu abierto”

¿Qué significa acoger a una persona que llega con una historia de exclusión, ruptura o soledad?

Lo primero significa recibir, con el espíritu abierto. Escuchar a continuación lo que se ha vivido, lo que se anhela y espera. Y acompañar, con respeto, confianza, paciencia y comprensión, los pasos, los procesos profundos, duros, complicados y largos que las situaciones tienen para poder enderezarse, reconducirse y solucionarse. Significa estar, pese a todo, siempre, preparados con disposición para ir al lado y sostener.

“El concepto de sinhogarismo se ha extendido”

Desde la experiencia del albergue, ¿qué crees que necesita mirar mejor la sociedad cuando habla de sinhogarismo?

Entender que las personas sin hogar han cambiado, que ahora gran parte de la sociedad tiene dificultades para habitar en espacios dignos, ya no hablamos de personas concretas, escasas, con problemáticas duras y crónicas. Ahora hay personas con trabajo que no pueden pagar más que una habitación para compartir con un hijo o hija menor. El concepto de sinhogarismo se ha extendido en cantidad y variedad de personas. Tenemos que entender que, más que nunca, las políticas de prevención y detección temprana son fundamentales para prevenir la cronificación de menores en situaciones muy difíciles que tendrán consecuencias permanentes en el futuro.

La sociedad necesita entender que somos una comunidad, que si no dejamos a nadie atrás, y si cuidamos a nuestros menores y jóvenes, toda la sociedad tendrá un futuro.

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Centro de acogida Albergue San Martín de Porres

“Los dominicos aportan los valores fundamentales que sustentan nuestra labor”

¿Qué aportan los dominicos a una obra social como la Fundación San Martín de Porres?

Los dominicos aportan los valores fundamentales que sustentan nuestra labor y misión; estudiar, analizar y reflexionar sobre las razones de injusticia de nuestra sociedad, el compromiso y la empatía y compasión con la dignidad de todas las personas, el trabajo en equipo, en comunidad y en red para lograr la justicia y la defensa de los derechos para todas las personas.

“Es un momento clave para poner en primera línea a muchas personas invisibles”

El Papa se acercará durante su visita a realidades de pobreza y exclusión. ¿Qué significado tiene ese gesto para quienes trabajáis cada día con personas sin hogar?

Es un momento clave para poner en primera línea de vista de la sociedad, la situación de muchas personas que son invisibles para la sociedad en su conjunto. En nuestro caso, los y las jóvenes sin hogar, personas con menos de 29 años, con todo un futuro y una vida por delante, que no tienen nada, que no pueden estudiar, trabajar, pensar, proyectar un futuro constructivo, no sólo para ellos y ellas, sino para el resto.

Desde el profesional, significa un impulso, un empujón para continuar con entusiasmo, con ilusión un trabajo que, día a día, es duro, complejo, con una alta carga de responsabilidad y de compromiso, más allá del técnico. Es sentir que no estamos solas en el trabajo, sino que se comprende lo que hacemos.

Pero también es una oportunidad única para que abramos nuestros corazones a una realidad que es urgente e importante, todas las personas somos necesarias para construir una sociedad sostenible para nuestros hijos e hijas, tenemos una responsabilidad como cristianas y cristianos, de defender la dignidad y los derechos de todos y todas, de no dejar a nadie atrás.

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