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Fr. Antonio Praena OP: “Es necesaria la comunión y colaboración entre el Evangelio y el arte”

29 de mayo de 2026 entrevista antonio praena 2026

Dentro de la serie rostros dominicanos, conversamos con Fr. Antonio Praena OP, poeta dominico y director de O_LUMEN, espacio para las artes y la palabra de los dominicos en Madrid. Praena participará el 7 de junio en el encuentro del Papa León XIV con representantes del mundo del arte, la cultura, la empresa, el trabajo y la universidad, que tendrá lugar en el Movistar Arena de Madrid.

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“Nos llena de alegría ser invitados a este encuentro”

El Papa se encontrará en Madrid con representantes del mundo del arte, la cultura, la empresa, el trabajo y la universidad. ¿Qué significa para ti participar en este encuentro como director de O_LUMEN?

Al equipo O_LUMEN nos llena de alegría ser invitados a este encuentro entre el Papa León XIV y el mundo de la cultura. Sobre todo porque supone un paso importante en la Iglesia; el paso que va de hablar de la importancia de la relación entre cultura y fe, que a veces se queda solo en un discurso, al de reunir, visibilizar y celebrar realmente ese encuentro con los artistas en sus circunstancias concretas.

Digo esto porque eso que llamamos “el mundo de la cultura” es solo una entelequia, una forma de hablar: lo que realmente existe son los artistas, las personas que con su arte tratan de mantener viva la belleza en medio del mundo haciendo frente a dificultades sociales, económicas o mediáticas muy concretas.

Para mí la alegría no es otra que la de hacer presente a O_LUMEN, esta apuesta tan valiente de la Provincia de Hispania por el arte y la palabra, en medio de tantos otros creyentes y no creyentes reunidos para mirar a los ojos de la belleza en un acontecimiento eclesial de alcance universal.

“La fe necesita de los artistas”

O_LUMEN se define como un espacio para las artes y la palabra. ¿Qué pueden aportar hoy el arte y la cultura al diálogo entre la Iglesia y la sociedad?

Pensemos en la imagen de una ciudad cualquiera. La miramos: está jalonada de torres, cúpulas, campanarios, fachadas de iglesias y catedrales que han diseñado y construido artistas. El arte cristiano de los pasados siglos ha configurado nuestro paisaje humano y cultural. Pensemos también en algunas de las composiciones musicales más estremecedoras: réquiems, oratorios, pasiones, misas…: las han compuesto artistas como Bach, Händel, Tomás Luis de Victoria, Pergolesi, Arvo Pärt. Visualicemos el Cristo pintado por Goya o el pintado por Velázquez y releamos, paralelamente, el poema “Al Cristo de Velázquez” de Unamuno: son artistas los que han puesto en nuestros ojos y en nuestra literatura la imagen de Jesús, la imagen de María, la imagen del paraíso: la fe necesita de los artistas para hacer visible, para hacer audible, para hacer habitable la fe. Para dejar huella tangible de Dios en el imaginario de la humanidad.

¿Cómo una Iglesia que durante tantos siglos ha sido pionera e innovadora en el cultivo del arte ha llegado a ser vista como enemiga del arte por parte de algunos círculos de opinión y decisión cultural y mediática? Creo que es un buen momento para replantearnos esa pregunta.

“Es necesaria la comunión y colaboración entre el Evangelio y el arte”

En un tiempo marcado por la prisa, la polarización y la superficialidad, ¿por qué siguen siendo necesarias la belleza, la palabra y la experiencia estética?

La expresión más honda de la condición humana es el arte. Por ello, hasta que la luz del Evangelio no quede de alguna forma reflejada en las expresiones artísticas no podremos decir que la gracia del Evangelio ha calado hasta el tuétano del ser humano. Era San Pablo VI quien, en Evangelii Nuntiandi, definía precisamente así la evangelización: sembrar la semilla esperanzada del Evangelio en los surcos de las culturas.

¿Y qué aporta la fe a la cultura? Cuando un arte no ha sido tocado por la gracia de Cristo, nos vemos expuestos a un mero esteticismo superficial o a un mero consumo de bellezas sucedáneas, como ocurre con la mercantilización del arte, de la moda, del diseño, de la publicidad.

El arte sin la levadura del Evangelio corre el riesgo de degradarse y de arrastrar a la degradación la conciencia moral humana.

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Espacio O_LUMEN

No cualquier palabra, no cualquier adulteración de belleza, son suficientes por sí mismas: o están impregnadas de bondad y de verdad o se convierten en un peligroso instrumento de deshumanización, polarización o manipulación.

Los grandes sistemas de la modernidad lo supieron. Por eso cultivaron una determinada estética al servicio de unos determinados fines tenebrosos. Pensemos en la estética marcial de los sistemas totalitarios de izquierda o de derecha. Por ejemplo “El Ministerio del Reich para la Ilustración Pública y Propaganda”, en manos de Joseph Goebbels, tenía como objetivo central controlar y manipular de manera absoluta todos los medios de comunicación, el arte, la cultura y la educación de Alemania para adoctrinar a la población. Es terrible, porque esa cultura del odio y la aniquilación del otro fue la que hizo posible el odio y la aniquilación real del otro mientras gran parte de la sociedad miraba para otro lado o, simplemente, considerara este proceso mortífero como una acción culturalmente justificada.

Una de las aportaciones de la antropología cristiana a la cultura occidental es la idea de que el ser humano, habiendo sido hecho bueno por Dios, se encuentra expuesto a la posibilidad del pecado en sus manifestaciones de violencia, lucro o dominación.

La serpiente que representa al mal es tan astuta que sabe que la mejor manera de tentar a la criatura es inocular su veneno en los entresijos de la belleza, como si esta fuera una adelfa de atractivas formas y colores que, sin embargo y en el fondo, resulta profundamente venenosa. La dramática historia del siglo XX nos lo ha demostrado. Y ahora, el aparentemente inocuo escaparate del siglo XXI, repleto de clínicas de estética, de pasarelas de diseño, de pisos, outfits y coches exclusivos -es decir: excluyentes y no inclusivos-, no deja de ser también un peligroso trampantojo que desalma a las personas y las deja expuestas a las fuerzas de poderosos con banales y perversas intenciones.

Por todo ello es tan necesaria la comunión y colaboración entre el Evangelio y el arte.

“Siempre desemboco en la palabra verdad”

Como poeta y dominico, ¿cómo entiendes la relación entre creación artística, búsqueda de sentido y experiencia espiritual?

He pensado en esto muchas veces. Y al final, siempre desemboco en la palabra “verdad”. Mi obra poética no ha intentado otra cosa que comprender la verdad humana y ponerla en palabras. Y, a la vez, no ha intentado sino decir la verdad de Dios en escenarios y lenguajes artísticos no expresamente religiosos, lo cual no siempre ha sido bien interpretado desde algunos ámbitos.

En el prólogo a la recién aparecida antología de mis primeros seis libros, titulada “Mística para excluidos”, parafraseando unas palabras de Cyprian Norwid, lo expreso así: incluso cuando da cuenta de los aspectos más incomprensibles u oscuros de la existencia, la verdadera poesía puede convertirse en una palabra universal de salvación.

Por otro lado, cuando hablamos de poesía y de belleza parece que enseguida se nos va la mente a pensar en espiritualidad. Y sí, pero no solo: la poesía y la belleza tienen un enorme potencial de liberación social. La poesía no puede utilizarse como narcótico del alma. A la vez que espiritual, la verdadera poesía es una toma de postura muy concreta frente a la explotación, la injusticia, el hambre o la guerra.

“Una palabra de ánimo al servicio del bien común”

¿Qué esperas escuchar del Papa León XIV en un encuentro con personas vinculadas al arte, la cultura, la universidad y el pensamiento?

Espero una palabra de ánimo que actúe como resorte para poner nuestro arte al servicio del bien común. Espero que León XIV muestre la comprensión y el refrendo de la Iglesia para con quienes intentamos llevar la belleza seminal del Evangelio a un escenario cultural contemporáneo que, por otro lado, tiende a invisibilizar a aquellos artistas que se presentan como cristianos o que, no siendo cristianos, se sienten cerca del Evangelio de Jesucristo, que es la más bella criatura que ha existido y existirá en el universo.

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