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Mons. Francisco González Hernández celebra sus bodas de plata episcopales

13 de julio de 2026 mons francisco gonzalez hernandez - 1

Con motivo del 25.º aniversario de la consagración episcopal de Mons. Francisco González Hernández, O.P., el obispo vicario apostólico de Puerto Maldonado, Mons. David Martínez de Aguirre Guinea, O.P., le dedica unas palabras de agradecimiento y afecto en las que recuerda su trayectoria misionera, su servicio a las comunidades más vulnerables y su presencia constante en la vida del Vicariato. A continuación, reproducimos íntegramente su escrito.

 

BODAS DE PLATA EPISCOPALES DE MONS. FRANCISCO GONZÁLEZ HERNÁNDEZ, O.P.

Todavía teniendo fresco el grato recuerdo de las bodas de plata episcopales de Mons. Juan José Larrañeta, tres semanas después celebramos las bodas de plata episcopales de Mons. Francisco González Hernández. Nuestro Vicariato tiene el gran privilegio, que en pocas diócesis ocurrirá, de tener dos obispos eméritos vivos, y sobre todo que Mons. Francisco sigue presente en la vida del Vicariato, participando activamente en la Misión desde el convento de dominicos de Quillabamba, atendiendo la capellanía del Monasterio de Monjas Dominicas y colaborando activamente en la vida parroquial. Mons. Francisco, ayuda también de vez en cuando en algunas confirmaciones y también ha ordenado al último presbítero consagrado de nuestro Vicariato, el padre Amilcar.

El cariño que en el Vicariato todos tenemos a Mons. Paco es muy especial. Le vimos llegar con toda la ilusión misionera a Quillabamba donde su sencillez, cercanía y empatía con los más pobres caló pronto en el corazón de las gentes. Personalmente, cuando en el año 1997 llegué por primera vez a Quillabamba, fue el entonces padre Paco, quien me hizo conocer muchas comunidades, me llevó de excursión al cerro Santo Domingo (aunque no llegamos) y me contaba mil anécdotas simpáticas de la gente. Recuerdo cómo se reía él contándome como algunas ancianitas quechuas, con dificultad para entender el tono especial de voz que tiene Mons. Paco, le decían en aquel entonces pensando que hablaba otro idioma: “¡el padrecito ya está aprendiendo a hablar el español!”.

 

Tras ganarse el cariño del pueblo convenciano, Mons. Paco fue elegido prior del convento de San Jacinto en Puerto Maldonado y párroco de la catedral. Con qué cariño aquellos jóvenes de la parroquia lo buscaban y él los atendía a todos. El 8 de julio de 2001 lo consagraron obispo del Vicariato. A los pocos días llegué a Maldonado para incorporarme a las misiones y Mons. Paco había salido de vacaciones. Me tocó substituirle en los viajes que él hacía por el río Piedras, por el bajo Tambopata, en Pueblo Viejo… Me llamaba la atención especialmente aquellos jóvenes que en la catedral, todavía no acostumbrados a lo de “monseñor” preguntaban constantemente: “¿Y cuando llega el padre Paco?” Literalmente estaban “como ovejas sin pastor”.

Todos hemos sido testigos del esfuerzo, cariño y dedicación de Mons. Paco con las comunidades campesinas, con los movimientos apostólicos, con los seminaristas, los sacerdotes, los ancianos y los últimos de los últimos. Defensor de las causas más complicadas y difíciles de meter el diente, a las que Mons. Francisco se enfrentó, con cariño, con valentía y con mucho espíritu de profecía. Su dedicación prioritaria a los últimos ha sido seña característica en sus años al frente del Vicariato: personas con adicciones, los ancianos no asegurados para los que construyó la Casa de Acogida de Ancianos Apaktone, la educación de los pueblos indígenas y su preocupación por dar una nueva organización más efectiva a la RESSOP, Cáritas Madre de Dios que durante sus años de obispo se consolidó y tomó un impulso extraordinario. Mons. Paco, no sólo ha sido muy querido y reconocido en el Vicariato, también en la Comisión Episcopal de Acción Social de la que formó parte activa y por los religiosos y religiosas del Perú. No siempre salió bien parado de las difíciles situaciones que le tocó enfrentar, pero su profunda espiritualidad y su fe en Jesús le han sostenido hasta el día de hoy.

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En el año 2015 Mons. Francisco decide volver a la vida de misionero de primera línea, la vocación primera que siempre anheló. Tras unos años de descanso en España, se incorpora a la Misión de Sepahua reimpulsando la atención a las comunidades ribereñas. Allí adopta a un perrito abandonado, “Manolito”, al que le faltaba una pata. ¡Hasta con los animilitos, Mons. Paco tiene una predilección especial por los últimos! Y de ahí, tras un tiempo ayudando en el Santuario Santa Rosa de Lima, retornó a Quillabamba, para atender la capellanía del Monasterio de Monjas Dominicas.

Mons. Francisco, desde Quillabamba sigue brillando en su ministerio y servicio al Vicariato. Desde una labor misionera entregada y discreta brilla con un resplandor acogido por el cariño de todos. Paco desde su discreción pensó en pasar sus bodas de plata si grandes celebraciones. Uno de los sacerdotes del Vicariato, acertadamente le decía a Mons. Paco con cariño “por mucho que quisieras no podrías ser invisible, porque el oro aún desde el fango brilla”.

Gracias Mons. Francisco, con cariño, Mons. Paco, por tu vida. Te queremos todos muchos, y nos gustaría que te sientas así, profundamente querido y estimado por todos. Eres parte de la vida de este Vicariato. Te consagraste y tu vida ya no es tuya, es de todos nosotros. Que Dios te bendiga y Feliz Aniversario.

Puerto Maldonado, 8 de julio de 2026.

David Martínez de Aguirre Guinea, O.P.
Obispo Vicario Apostólico de Puerto Maldonado

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