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Fray Javier Carballo preside en Puebla la clausura del Jubileo por los 500 años de los dominicos en México

13 de octubre de 2026 500 aniversario orden mexico 1

El Templo de Santo Domingo de Puebla acogió el pasado 7 de octubre, fiesta de Nuestra Señora del Rosario, la eucaristía solemne con la que la Provincia de Santiago de México celebró la clausura de los festejos provinciales por los 500 años de presencia de la Orden de Predicadores en el país. La celebración estuvo presidida por fray Francisco Javier Carballo Fernández, O.P., prior provincial de la Provincia de Hispania.

La jornada tuvo un marcado carácter de memoria y agradecimiento. Se recordó especialmente a los primeros doce frailes dominicos que llegaron desde España a la Nueva España en 1526 y, junto a ellos, a las generaciones de religiosos que durante cinco siglos han sostenido la predicación de la Orden en México. También hubo un reconocimiento a los frailes y provincias españolas que colaboraron en la restauración de la vida dominicana en el país, particularmente las provincias de España y Bética.

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Tras la exclaustración y la práctica desaparición de la Provincia de Santiago de México durante el siglo XIX, la llegada de nuevos frailes procedentes de España hizo posible iniciar su recuperación. Ese vínculo histórico ha continuado después mediante la formación, el intercambio de frailes y la colaboración entre las distintas entidades de la Orden.

«Hispania y México, cinco siglos de camino compartido»

Por la tarde, en el claustro de San Pablo de los Frailes, fray Javier Carballo pronunció la conferencia «Hispania y México, cinco siglos de camino compartido», en la que propuso una lectura de esta historia desde el carisma dominicano y desde los desafíos actuales de la predicación.

El prior provincial de Hispania partió de una convicción que recorrió toda su intervención: «El carisma dominicano es un regalo del Espíritu a la Iglesia y al mundo». Un carisma que, señaló, ha mostrado una especial fecundidad en los grandes cambios de época, cuando resulta necesario volver a pensar qué significa ser humano y encontrar formas nuevas, comprensibles y atractivas de anunciar el Evangelio.

Carballo situó la presencia de los dominicos en México dentro de la tradición evangelizadora iniciada por la primera comunidad de frailes llegada a América, vinculada a figuras como fray Pedro de Córdoba y fray Antón de Montesinos. Subrayó también la estrecha relación que se estableció entre la experiencia de los misioneros y la reflexión de los teólogos, con nombres como fray Bartolomé de las Casas y fray Francisco de Vitoria.

En este sentido, recordó el camino de aquellos frailes que partieron de Salamanca hacia América y destacó cómo la reflexión teológica y la experiencia de quienes se encontraban directamente con los pueblos y culturas del continente se enriquecieron mutuamente. Una relación entre estudio y misión que, afirmó, continúa siendo una referencia para la Orden.

Un estilo dominicano de evangelización

La segunda parte de la conferencia estuvo dedicada a algunas características del estilo evangelizador dominicano. Entre ellas destacó la importancia de la comunidad, la oración, el estudio y el discernimiento compartido. «No hay predicación dominicana que no sea comunitaria», afirmó, recordando que desde los comienzos los frailes fueron enviados a fundar conventos y a predicar, entendiendo la comunidad como lugar que sostiene, da continuidad y acredita la predicación.

También insistió en que la predicación nace de la compasión y del amor a las personas concretas, y que debe ir acompañada por el testimonio de vida del predicador. En la experiencia de los primeros dominicos en América destacó, además, el esfuerzo por conocer las lenguas y culturas de los pueblos, la importancia de anunciar el Evangelio desde categorías comprensibles para cada sociedad y la necesidad de formar agentes autóctonos capaces de expresar la fe desde su propia cultura.

Junto a la comunidad y al predicador, Carballo señaló la centralidad de la cruz y el valor de las escuelas conventuales, concebidas no solo como espacios para la formación de los propios frailes, sino también como lugares desde los que ofrecer a otros una formación humana, intelectual y cristiana.

Desafíos compartidos para el futuro

La última parte de la intervención miró al presente y al futuro de la misión dominicana. Ante las profundas transformaciones provocadas por la era digital y la inteligencia artificial, el prior provincial invitó a las distintas entidades de la Orden a «pensar en red» y a afrontar conjuntamente la pregunta por la dignidad humana y por aquello que verdaderamente hace humano al ser humano.

Frente a la secularización y las dificultades para transmitir la fe, propuso cuidar una experiencia cristiana estrechamente vinculada al estudio y a la compasión. Ante la polarización y las desigualdades, destacó el valor de unas comunidades cada vez más interculturales e intergeneracionales, capaces de integrar la diversidad y buscar juntas el bien común.

Finalmente, llamó a reavivar el espíritu misionero de la Orden frente a la tentación de un cristianismo replegado sobre sí mismo. Un impulso misionero que hoy no pasa necesariamente por atravesar océanos, sino por salir al encuentro de quienes son diferentes, abrir espacios de diálogo y continuar trabajando por una verdadera universalización de la dignidad humana y de los valores evangélicos.

El encuentro puso también de manifiesto la fraternidad que continúa uniendo a los dominicos de México y de Hispania. Fray Luis Javier Rubio Guerrero, prior provincial de la Provincia de Santiago de México, expresó el agradecimiento por la acogida que durante décadas han recibido los frailes mexicanos en España y por la contribución de tantos dominicos españoles a la vida de la provincia mexicana. Por su parte, fray Javier Carballo agradeció la acogida de los frailes de México y recordó los numerosos vínculos de formación, amistad y misión que siguen uniendo a ambas provincias.

Los festejos concluyeron en el Templo de Santo Domingo de Puebla con el concierto «Cinco siglos de Luz», interpretado por el Coro de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y la Orquesta del Instituto Superior de Música «Esperanza Azteca», bajo la dirección del maestro Julio Saldaña.

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