Fr. Antonio Praena: “La herida es una fuente de amor y una oportunidad para el encuentro”
25 de marzo de 2026
El fraile dominico y poeta Antonio Praena publica Mística para excluidos, una antología que reúne veinte años de su trayectoria literaria y que será presentada el próximo 22 de mayo en el espacio O_LUMEN, en Madrid. Con motivo de este lanzamiento, conversamos con el autor sobre el hilo que recorre su obra, la experiencia de la exclusión y el papel de la poesía hoy.
Mística para excluidos recoge veinte años de tu obra poética. ¿Qué hilo interior une todos estos libros y cómo ha evolucionado esa ‘mística’ en tu vida?
Humo verde, el primer libro, tenía una temática más social -su trasfondo era la Guerra de los Balcanes- y un estilo entre neosurrealista y simbolista (al menos eso señalan quienes entienden más que yo). El último libro del que se han recogidos poemas en esta antología, Cuerpos de Cristo, refleja claramente una poética de la alteridad: se trata de poemas dedicados cada uno de ellos a una persona en sus circunstancias.
La facilidad rítmica, el oído natural para musicalizar el texto
El hilo conductor evoluciona, en lo que a temática se refiere, desde las ideas o las ideologías hacia las personas. Y, en lo estilístico, avanza decididamente hacia un tono coloquial, prosaico a veces, en el que, paradójicamente, la exigencia métrica es extremada, pues se trata de naturalizar el ritmo hasta que la medida se haga imperceptible. Eso me lo han repetido algunas veces: la facilidad rítmica, el oído natural para musicalizar el texto. Pero, atención: esa facilidad implica el riesgo de caer en el sonsonete y, para evitarlo, hay que proceder con mucha contención. Es como en el teatro o en el cine: el secreto de una buena interpretación reside en la contención.
En el prólogo hablas de transformar el sentimiento de desplazado en una experiencia espiritual concreta. ¿Cómo se convierte la herida en lugar de encuentro y no de ruptura?
Desde un punto de vista solamente humano y literario, la herida, el sentimiento de exclusión, puede convertirse en una trinchera o en un pozo del que surge dolor y amargura. Pero, desde la experiencia evangélica, la herida es una fuente de amor y una oportunidad para el encuentro. Como señalo en el prólogo, a la vez que la expresión de un repudio, los poemas tienden a la restitución de la comunicación perdida. Un compromiso de amor, aunque no siempre sea comprendido como forma de amor: de ahí su gratuidad, su belleza y su riesgo.
Esta antología se abre a aquellos que en algún momento, bajo forma racional o irracional, congénita o política, autoinfligida o externa, se hayan sentido expulsados del mundo y del afecto. Para que encuentren en la poesía, como yo lo he encontrado, un camino hacia la comunicación amorosa o hacia eso que llamamos verdad, que vienen a ser lo mismo.

Tu poesía ha sido reconocida con premios importantes y, sin embargo, mantiene una voz muy personal. ¿Cómo conviven en ti el poeta, el fraile y el profesor?
El fraile, el poeta y el profesor convergen en algo muy concreto: la palabra.
Fraile, poeta y profesor hacen la misma cosa: hablar. Por eso no cualquier vocación hubiera hecho esto posible. La vocación dominicana sí lo hace posible. El profesor, sin el fraile y el poeta, sería solo un funcionario académico. El poeta, sin el fraile y el profesor, podría convertirse en un artista recluido en su torre de marfil.
El fraile ha hecho posible el poeta y el profesor.
El fraile, en mi caso el dominico, ha hecho posible el poeta y el profesor. Esto se refleja en algo muy concreto. Mi comunidad posibilita que tenga un plato de comida, un techo bajo el que dormir y, sobre todo, un respaldo espiritual y afectivo. Si tuviera que mantener una familia, no habría tenido la ocasión de perder horas y horas para dar a luz un puñado de versos. La comunidad sostiene mi dedicación y hace posible las idas y venidas que en algunos momentos se requieren.
Respecto a lo que preguntas sobre los premios, conviene señalar que los premios -al menos los que se convierten en referentes- buscan precisamente eso: descubrir voces. Ser epigonal puede suponer una forma de ser un poeta correcto, pero que aporta poco. Los buenos premios incentivan el riesgo y la voz diferenciada.
En esta antología aparecen temas como la soledad, el cuerpo o el amor. ¿Qué papel juega hoy la poesía como “palabra de salvación”?
Desde el momento en que aparece la palabra, aparece la salvación. Ya antes de ser palabra religiosa, la palabra lleva en sí una vocación al encuentro. En el principio ya existía la comunicación: ser humano significa estar hechos a imagen y semejanza de la comunicación trinitaria creadora, y por eso la palabra verdadera y bella, la poesía, lleva a plenitud lo que en germen ya somos como humanos.
La poesía como una especie de hospitalidad cognitiva
También, cuando el poeta nombra la realidad más allá de lo evidente, podemos hablar de la poesía como una especie de hospitalidad cognitiva: el objeto, recibido un nombre, se orienta definitivamente hacia la relación. Y en la relación hay salvación. El poeta es una especie de servidor, de mediador, en la medida en que establece y repara vínculos, muy especialmente en una sociedad tentada por la destrucción o la negación de las reglas de integración. Si en algunos momentos se ha proclamado que estamos hechos para el amor, hoy parece abrirse paso el derecho al odio y a la anulación del otro, especialmente del más débil.
¿Y esto cómo se concreta en esta antología? La soledad, el cuerpo, el amor, la muerte requieren ser nombrados porque en el fondo nos afectan a todos. Una antología es como un alto en el camino para mirar atrás. Y, desde esa perspectiva, echando la vista atrás, he descubierto que en estos años ha habido soledad, muerte y amor. Pero predominan la cotidianidad, la cultura pop (popular), la celebración y la claridad expresiva frente al hermetismo.
Como se señala en el prólogo, incluso cuando da cuenta de los aspectos más incomprensibles de la existencia, la verdadera poesía puede convertirse en una palabra universal de salvación.
