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La contemplación al servicio de la predicación

15 de febrero de 2016 Rostro femenino dominicas

El “rostro femenino del camino dominicano" desarrollado por la monja contemplativa Sor María Jesús Gil, dentro del año del Jubileo de la Orden de Predicadores

Sor María Jesús Gil Martín, dominica contemplativa del Monasterio de la Piedad, Palencia, ha clausurado las Conversaciones de San Esteban con la conferencia “El rostro femenino del camino dominicano”. Sor María Jesús es informática, ha sido priora del Monasterio, ahora es subpriora y maestra de novicias, encargándose también de la formación de hermanas dominicas jóvenes de un monasterio de Brasil. Las dominicas contemplativas es la primara rama de la Orden, fundada por Santo Domingo de Guzmán y su obispo Diego de Acebes en 1207, con que celebraron su centenario en el 2007.

El primer rostro femenino que sor María Jesús subrayo fe la Beata Juana de Aza, madre de Santo Domingo de Guzmán, mujer prudente y llena de fe, enseñando a sus hijos la compasión a los pobres y el amor a Dios. Tres de sus hijos estarán al servicio de la predicación, Domingo, Manés y Antonio, este último sacerdote secular.

Un segundo rostro femenino fue María Magdalena, patrona de la Orden de Predicadores y Apóstol de los Apóstoles, mujer al pie de la cruz y la primera testigo de la resurrección. Siguiendo el itinerario creyente de María Magdalena, subrayó tres momentos en el camino de una monja dominica: La conversión, el seguimiento de Jesús y la misión.

En la conversión, sor María Jesús realizó un repaso de la primera comunidad de monjas dominicas en Prulla, jóvenes Cátaras que quisieron volver al seno de la Iglesia, viviendo a la sombre de Domingo de Guzmán, siendo una piedra angular en la Santa Predicación. Toda monja llega al monasterio con una experiencia previa de encuentro con el Señor, desde esa experiencia hay un proceso de encuentros. No sólo vive en una comunidad orante, predica con su vida, transmitiendo ese encuentro a otros, rompiendo el frasco de perfume sin reservar nada.

El seguimiento de Jesús para una monja dominica tiene cuatro pilares: Los votos (pobreza, obediencia y castidad), la liturgia, la vida en común y el estudio. La obediencia está al servicio de la misión de la Orden, la pobreza es poner todo lo que se es al servicio de la predicación y la castidad al servicio del Reino. Se realiza una oración litúrgica compartida con la liturgia de las horas, una oración privada con la palabra de Dios, abrazándola en el silencio contemplativo, poniendo a la humanidad a los pies de Dios. Se vive una vida comunitaria, creando un solo corazón y una sola alma. Y el estudio, acogiendo no sólo con el corazón, también con la cabeza y la razón la Palabra de Dios, siendo un elemento fundamental en la Orden.

Junto con estos cuatro elementos del Seguimiento de Jesús, hay otros cinco pilares: La clausura, el silencio, el hábito, el trabajo y las obras de penitencia. El convento no es una huida del mundo, la comunidad de clausura se deja ver por el mundo, se aprende a vivir en comunidad y a no huir de Dios, de las hermanas y de uno mismo. El silencio es dejar espacios para hablar con Dios, con lo que se convierte en un silencio habitado. El hábito quiere ser un signo de pobreza y de predicación visual. El trabajo es un esfuerzo al servicio de la comunidad y a su mantenimiento, ayudando con los bienes a los más necesitados y ofreciendo trabajo en la comunidad.

Por último, subrayó la importancia de la misión, la predicación no queda reservada a los frailes, también las monjas tienen el objetivo de que el mundo conozca la salvación. Es una predicación que se realiza en el día a día, con el silencio, el estudio, la oración, todo se convierte en predicación. Una monja dominica deberá estar donde la Orden la necesite, no cobijadas bajo las piedras del convento. Es este sentido se explica la formación de monjas jóvenes de Brasil, para que el monasterio no desaparezca. El testimonio de pertenencia y fidelidad a los pies del Señor es también una forma de predicación. En la oración se intercede para que el mundo conozca la Buena Noticia del Señor. Lo que una monja dominica puede decir a los hermanos en este año del Jubileo es: Ve y predica, `para que la palabra de fruto abundante. En la Orden hay verdaderos tesoros de santidad, rostros femeninos dedicados a la misión y la predicación desde la contemplación.

Juan Antonio Mateos Pérez

Área socio – religiosa de SalamancaRTV al DÍA.
 

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