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Baltasar: “Los regalos más grandes no siempre caben en un paquete, sino en un corazón capaz de amar de verdad”

13 de enero de 2026 cabalgata valencia 2026 2

Cuatro frailes estudiantes del estudiantado dominico en Valencia participaron los días 5 y 6 de enero de 2026 en la cabalgata organizada por el ayuntamiento de Valencia, acompañando el paso de una de sus comitivas y compartiendo, desde dentro, una tarde de ilusión para muchas familias.

Para Fr. Florent Oke, todo comenzó con una invitación que le llegó de forma inesperada y que terminó convirtiéndose en una oportunidad de predicación: cuidar sonrisas, alegría e ilusión, sin perder de vista el sentido cristiano de la fiesta.

Junto a él caminaron como pajes Fr. José Antonio Obiang Ekuaga Okomo, Fr. Moisés Norberto-Nkogo Ndong Mokuy, OP, y Fr. Liberato Bee, viviendo una experiencia marcada por la infancia y la emoción de ver a tantos niños y niñas celebrar la Navidad en las calles de Valencia.

Al día siguiente, la comitiva visitó el Hospital Universitari i Politècnic La Fe, donde entregaron detalles y acompañaron a pequeños ingresados y a sus familias, en un gesto que los frailes recuerdan como el momento más hondo de estos días.

Testimonios

Fr. Florent Oke

El 21 de octubre de 2025 recibí un mensaje por WhatsApp de un amigo sacerdote, estudiante en la Facultad de Teología de Valencia y destinado en la parroquia de Nuestra Señora de Lepanto, en Castellar (Valencia). Me informó de que la alcaldesa del pueblo —a quien había conocido durante una visita a mi amigo— deseaba conversar conmigo. Respondí que no tenía inconveniente en proporcionarle mi número de teléfono.

Pocos días después, recibí una misiva de la alcaldesa de Castellar que decía: «Estimado Florent, soy la alcaldesa de Castellar. Me complace invitarle a asumir el papel de Baltasar en la Cabalgata de Valencia. Agradecería recibir una fotografía suya y su dirección de correo electrónico». Cumpliendo con su solicitud, le envié la información pertinente, y la conversación concluyó en ese momento.

Transcurrió un periodo considerable de tiempo hasta que, a pocas semanas del día de la cabalgata, recibí la convocatoria oficial para participar en la cena de entronización de la Cabalgata de 2026. Así dio comienzo una experiencia verdaderamente memorable.

Al llegar al puerto de Valencia en torno a las cinco de la tarde del 5 de enero de 2026, recorrimos la ciudad llevando —entre otros valores— sonrisas, alegría, ilusión y esperanza. No solo evocábamos la peregrinación de los Magos de oriente que acuden a adorar al Niño Jesús recién nacido, sino que procurábamos ofrecer una mirada hacia la estrella que conduce al mayor regalo que Dios pudo entregar a la humanidad: su Hijo único.

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Asimismo, tuvimos el privilegio de ser testigos de una esperanza tangible, palpable en los rostros de los niños y niñas con sus familias, del personal sanitario del Hospital La Fe de Valencia, al que acudimos al día siguiente. Aquella experiencia me pareció, sin lugar a duda, mágica.

Lo que la celebración de esta festividad nos enseña —además de ser una tradición profundamente enraizada en la comunidad española— es que la verdadera esencia de la magia no radica en los presentes, sino en la ilusión de vivir un encuentro único e inolvidable con el Rey de Reyes, la representación de la Sabiduría divina encarnada. Esta actitud de humildad es la que, en última instancia, transforma cada instante en pura magia.

«No importa si a veces nos equivocamos al intentar ser buenos; lo verdaderamente importante es que cada día procuremos ser un poquito mejores. Esa es la razón por la que la magia sigue viva. No olvidéis que los regalos más grandes no siempre caben en un paquete, sino en un corazón capaz de amar de verdad. La bondad y los abrazos son tesoros que duran para siempre».

Como fraile predicador, esta experiencia me ofreció la valiosa lección de reconocer y acoger cada circunstancia —incluso las más inesperadas— como una ocasión propicia para la Palabra, cumpliendo así el mandato de anunciar a tiempo y a destiempo (cf. 2Tm 4,2).

 
 
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Fr. José Antonio Obiang Ekuaga Okomo

La experiencia que viví como paje en la Cabalgata del ayuntamiento de Valencia, entre los días 5 y 6 de enero de 2026, fue profundamente emocionante y significativa para mí. Todo comenzó cuando el hermano Florent me propuso participar. Su invitación me llenó de alegría y gratitud, ya que no es algo que se viva todos los días.

Antes de empezar la cabalgata sentía una mezcla de emociones: ilusión, pero también ciertos nervios, porque era la primera que vivía algo así desde dentro. Sin embargo, esa inseguridad se fue transformando en tranquilidad gracias a la participación de los hermanos Moisés Norberto Nkogo y Liberato Bee.

Lo que más me impactó durante la cabalgata fue ver a tantos niños y niñas viviendo con tanta intensidad el misterio del nacimiento del Niño Jesús. La ilusión reflejada en sus miradas y en sus gestos mostraba cómo esta experiencia sigue siendo vivida con mucho amor y fe, especialmente gracias a los padres y madres que cuidan y acompañan esa ilusión en sus hijos.

La visita al Hospital La Fe al día siguiente fue, sin duda, lo que más me marcó. Allí la experiencia adquirió un sentido aún más profundo. Muchas veces olvidamos que, mientras unos disfrutan de salud y tranquilidad, otros están luchando en silencio.

Las sonrisas, los agradecimientos, la emoción del personal sanitario y de las familias hicieron de ese momento algo inolvidable. Me llevo en el corazón la alegría compartida, el aprendizaje y la certeza de que los pequeños gestos pueden transformar el dolor en esperanza.

Deseo de corazón que muchos otros puedan vivir una experiencia así, para sentir esta alegría tan sencilla y profunda que transmiten todas aquellas personas que se acercan a ver la cabalgata: niños, jóvenes, adultos. Y para descubrir que dar, acompañar y estar presentes es uno de los regalos más grandes que podemos ofrecer a los demás.

Fr. Moisés Norberto-Nkogo Ndong Mokuy, OP (Elogio de la inocencia)

Fr. Florent Oke, hermano dominico del estudiantado, me propuso acompañarle el día 5 de enero en la gran cabalgata de Valencia. Acepté la invitación y fuimos a probar los trajes. Y cuando llegó el día estuve ahí para acompañarlo y vivir en primera persona la experiencia que supone ser paje en la cabalgata. La confianza le movió a acercarse a mí, proponérmelo; y la misma confianza me hizo aceptar la propuesta y acompañarlo.

El día 5 de enero fue muy especial. Las razones de su singularidad no solo estriban en la novedad de un nuevo año 2026, la alegría de la Navidad y la cercanía de estas fechas. Sino, sobre todo, porque viví una experiencia emocionante antes, durante y después de la cabalgata. Por eso Elogio de la inocencia es el nombre que recibió mi experiencia aquel día.

La inocencia porque vi a cientos de niños vivir aquello con mucha intensidad. Lo cual, me interpeló mucho. Aquello me trasladó a mi propia infancia en Mongomo (Guinea Ecuatorial) ...

Aquel día, para los niños, me consideré portador de alegría. Esta consideración me llenó de muchísima satisfacción. Y, cuando tuvimos que volver al convento, pensé que había formado parte de una gran labor: llevar la antorcha de la alegría a tantos niños valencianos.

En definitiva, mi presencia en la cabalgata no menoscabó mi ser fraile dominico, predicador de la gracia y testigo de Cristo en el mundo. Mi presencia ante tanta inocencia y tanta infancia me recordó una cosa muy importante: debería ser portador de alegría para todos los que la necesitan, sobre todo, los niños.

En todo, recordamos estos días que Jesús también fue niño, el Verbo se hizo carne y como niño vivió entre nosotros (cf. Jn 1,14). Los niños son el futuro que tiene un país, son el relevo. Ellos serán buenos o malos en lo que sean mañana, en la mayoría de los casos, dependiendo de qué suerte de infancia les hemos regalado hoy. Jesús expresó su aprecio, cercanía y cariño especial hacia los pequeños.

Fr. Liberato Bee

La cabalgata organizada por el ayuntamiento de Valencia este año 2026 fue muy especial para mí porque me tocaba hacer por vez primera paje en esta celebración. La verdad es que al principio me encontraba algo inquieto porque no sabía exactamente las funciones que debía realizar como paje, pero lo pasé genial.

Pude conocer gente nueva, ya que a cada figura de la comitiva le correspondía elegir tres pajes. Al final nos encontramos todos los pajes y hubo un ambiente muy agradable.

El primer día me emocioné mucho al ver a tanta gente, sobre todo a los pequeños, feliz por nuestra presencia. Es algo muy bonito saber que eres causa de felicidad para otra gente. La cabalgata fue muy impresionante; nunca la había vivido de esta manera ni desde este ángulo: fueron unos minutos de mucha emoción, una forma de transmitir alegría a los niños.

El segundo día hicimos una visita al hospital La Fe, fue el día que más impactado salí. Era como: ayer vi una cara de la vida y hoy me toca ver otra; ver a niños que están luchando por su salud y que puedan sonreír por un peluche que les entregas, es otro sentimiento.

Doctores y enfermeras que están allí ejerciendo con amor para que aquella gente no se sienta sola, junto con los mismos enfermos que no pudieron acudir a la cabalgata: es una felicidad inmensa que la comitiva se acerque a ellos. Fue un gran gesto y creo que es la parte más importante: nunca hay que olvidarse de los que sufren.

Fue una experiencia inolvidable para mí, disfruté de cada momento al máximo, porque no sé si alguna vez volveré a tener dicha suerte. Muchas gracias.

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