Alcácer advierte del riesgo espiritual de la IA en la fiesta de San Vicente Ferrer
14 de abril de 2026
[Archivalencia] La Catedral de Valencia acogió el pasado 13 de abril la misa pontifical en la solemnidad de san Vicente Ferrer, presidida por el arzobispo Enrique Benavent, con la participación de obispos eméritos, el cabildo metropolitano y la Orden de Predicadores, junto a numerosas autoridades civiles y asociaciones vicentinas.
En esta celebración, como es tradición, la predicación de la homilía fue confiada a un dominico. El encargado fue el fraile valenciano Fr. José Manuel Alcácer OP, quien pronunció su sermón en valenciano y ofreció una profunda reflexión sobre el momento actual a la luz de la figura de san Vicente Ferrer.
Desde el inicio, Alcácer estableció un paralelismo histórico entre la época del santo y el presente, afirmando que hoy también vivimos “un cambio de época” marcado por el autoenaltecimiento del ser humano, que aspira a “autorecrearse a su imagen y semejanza”, en referencia a la inteligencia artificial, evocando así la antigua tentación del “seréis como Dios”.
El dominico advirtió que este fenómeno no es solo tecnológico, sino profundamente antropológico y espiritual, ya que sitúa al ser humano en el centro absoluto, desplazando a Dios. En este sentido, afirmó con claridad que “la primera consecuencia del endiosamiento de la IA es la descristianización de Europa”, especialmente en países de tradición cristiana.
Alcácer explicó que esta situación recuerda, salvando las distancias, al contexto en el que vivió san Vicente Ferrer: un mundo sacudido por cambios sociales, políticos y religiosos, tras el Cisma de Occidente, y marcado por la ignorancia religiosa y los extremismos, ante los que la Iglesia debía renovar su impulso evangelizador.
En este escenario, el predicador destacó el carácter profético de san Vicente Ferrer, cuya predicación en la Europa de su tiempo buscaba preparar a un pueblo dispuesto para la venida del Señor. Una misión que, según subrayó, sigue siendo hoy tarea de la Iglesia y de todo cristiano.

“No nos prediquemos a nosotros mismos, sino a Jesucristo”, recordó el fraile dominico, retomando palabras de san Pablo que el propio san Vicente utilizaba, e invitó a los fieles a no desfallecer en la misión evangelizadora, sino a vivir con fidelidad la llamada a ser embajadores de Cristo.
El sermón, que comenzó con el tradicional saludo vicentino “Bona gent!”, incluyó también una mirada a la historia compartida entre Valencia y la Orden de Predicadores. Alcácer subrayó que ambas realidades “han vivido siempre hermanadas” desde la llegada de los dominicos con Jaime I y la fundación del Real Convento de Predicadores.
Asimismo, compartió un testimonio personal al recordar cómo la cercanía de su hogar al convento despertó en él la vocación dominicana, poniendo de relieve la fuerza del testimonio en la transmisión de la fe.
El predicador presentó a san Vicente Ferrer como “el hijo más grande de Valencia” y destacó los tres ejes que configuraron su vida: el intelectual, el predicador y el político, entendido este último como servicio al bien común.
La celebración concluyó con las palabras del arzobispo Enrique Benavent, quien deseó que esta solemnidad sea un día de alegría y fraternidad para toda la ciudad y animó a confiar en la intercesión del santo como protector de Valencia y de sus familias.
Durante la eucaristía también se elevó la oración por los frutos evangelizadores del Año Jubilar del Santo Cáliz de la Esperanza, por la implantación del nuevo plan diocesano de evangelización y por las autoridades civiles, para que trabajen al servicio del bien común.
Tras la misa tuvo lugar la procesión cívica desde el Ayuntamiento hasta la casa natalicia del santo, finalizando con la ofrenda floral en la plaza Tetuán. Por la tarde se celebró la solemne procesión general por los lugares vicentinos más significativos, en una jornada festiva que volvió a poner de relieve la vigencia del mensaje de san Vicente Ferrer en el tiempo presente.
