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Santa Rosa de Lima, 400 años después

21 de mayo de 2018 santa rosa lima portada

  El sábado, 19 de mayo de 2018 a las 18,30, a instancias de la Fraternidad Laical de Málaga, fray José Barrado Barquilla, O.P., prior del convento de Santo Domingo de Almería, dio una conferencia en las dependencias de la parroquia de Santa Rosa de Lima de Málaga, con motivo de celebrarse los 50 años de la inauguración del nuevo templo parroquial, acaecida el 13 de junio de 1968, que ese año coincidió con la solemnidad del Corpus.

  A la conferencia titulada “Santa Rosa de Lima, 400 años después”, acudió un nutrido grupo de personas que quedaron encantados con el ponente, pues la altura de su exposición fue de una gran maestría, ya que no solamente se limitó a exponer la vida y virtudes de Santa Rosa de Lima, sino que supo conjugar fechas coincidentes entre la inauguración del templo, hace 50 años (1968) y la beatificación de la Santa en 1668, es decir, trecientos años entre un suceso y el otro, y los 400 años de su fallecimiento, que se celebraron el pasado año 2017.

  Antes de entrar de lleno en la vida de la santa limeña, Barrado hizo una breve introducción sobre algunos dominicos famosos ya que -como contó- Rosa de Lima, de alguna manera, es heredera de aquella evangelización y lucha en favor de los indios. Entre estos dominicos se encuentran fray Pedro de Córdoba, fray Antón Montesino, fray Bartolomé de las Casas, que se distinguieron en la primera y gran evangelización del Nuevo Mundo y en la defensa de los derechos humanos de sus pobladores indígenas; y fray Francisco de Vitoria que, desde su cátedra en la Universidad de Salamanca y convento de San Esteban, compuso toda una doctrina que muy pronto se convertiría en Patrimonio de la Humanidad, estableciendo el Moderno Derecho Internacional de Gentes del que se le reconoce como fundador.

  Tras este preámbulo Fr. José, pasó a hablar de la vida de Santa Rosa, elogiando sus virtudes que, desde bien pequeña se manifestaron de manera extraordinaria y que fueron acentuándose de jovencita, pues ella rehusó y huyó de galas, vanidades y honores, ocultándose y construyendo una ermita a la que adornó con un altarcillo, una cruz de cartón y flores, que ella misma cultivaba en el jardincillo que su padre le había dado en el huerto de su casa, para rezar y apartarse del mundanal ruido, pero no por eso dejó de practicar la caridad en grado sumo socorriendo a los pobres, visitando, cuidando y curando a los enfermos de distintas dolencias a los que incluso llevaba a su casa para cuidarlos mejor, sin importarle el color ni la condición social, al extremo de que todos los que la conocieron y trataron coincidieron en declarar que Rosa de Santa María, como ella misma se puso, por su devoción a la Santísima Virgen, había vivido como una santa desde que era una niña. Está claro que Dios puso muy pronto sus ojos en ella y que ésta no dejó de tenerlos clavados en la pasión de Cristo y por Cristo, desposándose con el Amor de su alma desde muy temprana edad.

  Su contacto desde niña con la iglesia de los dominicos en Lima y su gran devoción a la Virgen del Rosario y a santa Catalina de Siena le llevó a dar un paso más en cuanto a su entrega al Señor y servicio a los demás, ingresando en la Orden de Predicadores como terciaria dominica, hoy Fraternidades Laicales de Santo Domingo.

Ejercía una especial atracción sobre la gente

  La santa, continuó el conferenciante, ejercía una especial atracción sobre la gente, y consiguió atraer al ideal de laicas dominicas a un grupo de jóvenes de la sociedad limeña de entonces; por lo que puede considerarse que Rosa era una mujer apóstol como lo fueron María Magdalena, santa Catalina de Siena, santa Teresa de Jesús y tantas otras mujeres a lo largo de la historia. Rosa estaba obsesionada por la salvación de las almas, a ejemplo de su Padre Santo Domingo, y continuamente oraba y se sacrificaba por la conversión de los pecadores y de los infieles. Por eso, sin apenas salir de su aislamiento y soledad era “misionera, catequista, evangelizadora”. Unida cada vez más íntimamente a Jesucristo, su vida de oración, de silencio y de mortificaciones iba en aumento y cinco días antes de morir tuvo otro de sus “coloquios místicos”, como preparación para el encuentro final con el Esposo que ya la llamaba. En ese día la santa se confesó varias veces y recibió la extremaunción. Y media hora antes de expirar bendijo a sus padres y familiares, conocidos y amigos que rodeaban su lecho, volando a la vida eterna a las doce y media de la noche del jueves, 24 de agosto del año 1617, a la edad de 31 años. El Papa Clemente X la declaró santa el domingo 12 de abril de 1671, a los tres años de ser beatificada por Clemente IX, convirtiéndose en la primera flor de santidad del Nuevo Mundo y en su Patrona y protectora principal.

María Victoria Briasco, op
Fraternidad Laical de Málaga

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